Farmacéuticos Comunitarios. 4(Suplemento 1)

Los planes de estudio de farmacia y la atención farmacéutica

De-Sagrera JE1
1. Decano de Farmacia de la Universidad de Barcelona
De-Sagrera JE. Los planes de estudio de farmacia y la atención farmacéutica . Farmacéuticos Comunitarios. 4(Suplemento 1)
Resumen: 

En 1845, los estudios de Farmacia se integran en la universidad. Eran, entonces, una mezcla de estudios químicos, naturalistas y farmacéuticos, que capacitaban para elaborar y despachar en la botica las fórmulas magistrales prescritas por los médicos. Por vez primera, esa elaboración pasaba de ser artesanal a científica y el farmacéutico se convertía en el experto universitario de la elaboración de los remedios compuestos. Paradójicamente, todo esto sucedía cuando la farmacia comenzaba a industrializarse y las fórmulas empezaban a ser reemplazadas, si bien de forma incipiente, por los medicamentos industriales. En el mismo momento en que el farmacéutico español llega a la mayoría de edad y se convierte en licenciado universitario, el escenario profesional cambia y los medicamentos industriales, fabricados por la industria farmacéutica, mayoritariamente extranjera, modifican la práctica profesional. Surge entonces una pregunta recurrente, que todavía suelere plantearse: ¿están justificados los estudios universitarios de farmacia desde el momento que las farmacias dispensan medicamentos industriales y han dejado de elaborar fórmulas magistrales? Una de las respuestas más consistentes que se han ofrecido consiste en la urgencia y el carácter inaplazable del desarrollo de la atención farmacéutica. Ésta reemplazaría a la elaboración de las fórmulas en las boticas y las farmacias se convertirían en centros de asistencia sanitaria especializados en la orientación a los usuarios de todos los temas relacionados con la correcta administración de los medicamentos y los productos sanitarios. La respuesta sería la siguiente: ya nunca más volveremos a elaborar los medicamentos en las farmacias y, en la industria farmacéutica, el papel del farmacéutico es importante, pero no es ni será nunca dominante. Por tanto, centrémonos en el desarrollo de la atención farmacéutica como salida principal y modifiquemos los planes de estudio en ese sentido, despojemos a la carrera de Farmacia de sus contenidos tradicionales y orientemos los estudios hacia la resolución de los problemas que suscita la atención farmacéutica. Es una respuesta, aunque no es la única posible, y es inteligente, pero choca con una realidad hostil, quizá no tanto en los claustros universitarios cuanto en la realidad del ejercicio profesional. Quizá primero habría de cambiar la profesión para que a continuación se adaptasen los planes de estudio a ese cambio, a lo que no podrían oponerse. Difícilmente pueden modificarse los planes de estudio para atender una petición que no sea mayoritaria. En este sentido, resulta estratégico que los farmacéuticos y sus representantes clarifiquen si la atención farmacéutica debe ser la salida profesional mayoritaria y si es la que debe solucionar los problemas identitarios de los profesionales. Si es así, esa realidad debe ser evidente en todas las farmacias, no sólo en unas cuantas, de forma que oferten, realicen y cobren esas prestaciones. Una vez producido ese cambio, la respuesta de las universidades habría de ser automática y la reforma de los planes de estudio sería inaplazable para preparar a los graduados tal y como éstos precisan para establecerse por su cuenta y como lo necesitan quienes han de contratarles. El momento actual es de indefinición. El cambio en la profesión se anuncia, pero aún no se ha producido. Los programas de atención farmacéutica son a veces más un proyecto que una realidad y muchos farmacéuticos optan por otra vía: convertirse en empresarios especializados en adquiririr y vender medicamentos, productos sanitarios y parafarmacia. Como sea que los cambios sólo se consolidan cuando económicamente no es posible mantener la situación anterior, me parece que mientras los farmacéuticos puedan susbsistir sin desarrollar programas de atención farmacéutica así lo harán y, por otra parte, la crisis actual no favorece la implantación de servicios no remunerados. Mientras, depende de la sensibilidad de las facultades de Farmacia incorporar en mayor o menor grado los estudios de atención farmacéutica. Yo creo que todos los planes de estudio han de incluir esa materia y hacerlo de forma significativa, pero hay que recordar los condicionamientos que configuran los actuales planes de estudio: no tanto las reticencias de los profesores, como a menudo se dice, como las directivas europeas, que imponen unas asignaturas concretas y las prácticas tuteladas, sin olvidar la normativa española que obliga a cursar las asignaturas de tipo básico. Si a todo eso se une la necesidad de contribuir a la investigación y de formar a los graduados en todas las salidas profesionales que actualmente realizan los farmacéuticos, tendremos inevitablemente una mezcla de farmacia industrial, farmacia clínica, productos naturales, salud pública, dermofarmacia, farmacologia, química orgánica y farmacéutica, legislación y gestión, bioquímica, microbiología, fisiología, análisis, nutrición y atención farmacéutica, sin que la lista sea exhaustiva. Añádase el trabajo fin de grado, las prácticas en las empresas y las prácticas tuteladas y tendremos, necesariamente, unos planes de estudio polivalentes y poco específicos, que darán sensación de dispersión a los partidarios de la atención farmacéutica. Los planes de estudio, mejores o peores, son la respuesta de la universidad a la realidad de la práctica profesional y sólo los cambios en ésta conducirán a su modificación; mientras tanto han de combinar la investigación con la formación básica en todas las modalidades de ejercicio profesional.